Cómo empieza la diabetes tipo 2

Cómo empieza la diabetes tipo 2.

Las enfermedades endocrinas ya son masivas. Se considera que la más común es la diabetes mellitus (DM). Es un trastorno metabólico en el que los niveles de glucosa en sangre son más altos de lo normal. En las mujeres, la enfermedad es 2,5 veces más frecuente que en los hombres. En el 90% de los pacientes se diagnostica la diabetes de tipo 2, que está asociada a la insensibilidad a la insulina de las células del organismo. Las consecuencias de la diabetes de tipo 2 son muy peligrosas. Al reconocer los signos de deterioro en la fase de prediabetes, aumentan las posibilidades de evitar complicaciones.

Orinar con frecuencia

Si la glucosa no es descompuesta y utilizada por los tejidos, saca el agua de las células hacia los vasos sanguíneos. Esto provoca un aumento de la presión en los túbulos renales. El cuerpo intenta restablecer el equilibrio alterado de las sustancias mediante el aumento de la función renal. Por eso uno de los primeros precursores de la diabetes es la micción rápida. La necesidad de orinar se produce incluso por la noche.

Incluso en las primeras fases de la diabetes mellitus, la pérdida de agua puede ser de hasta 10 litros al día. A veces el número de visitas al baño por día llega a 50. Acude a tu médico si tienes ganas de orinar más de 8-10 veces en un periodo de 24 horas.

Sed y sequedad de boca

El aumento de la función renal reduce la cantidad de líquido en los tejidos, causando deshidratación. Se desarrolla una respuesta corporal protectora: la persona está constantemente sedienta. La aparición de la diabetes va acompañada de una sed intensa, que no desaparece ni siquiera después de beber líquidos. Esto se considera un síntoma clásico de la enfermedad, al igual que la micción frecuente.

Si no sacias tu sed, el equilibrio hídrico de tu cuerpo se deteriorará y tu boca se secará. Las personas con diabetes tienen sed todo el tiempo y pueden tener alterada la función de las glándulas salivales. Esto es peligroso para el sistema inmunitario y puede provocar infecciones por hongos, caries e infecciones. Su aparición es un signo indirecto de diabetes.

El hambre.

El cuerpo utiliza la glucosa como combustible, que es necesario para mantener todos los procesos vitales. Cuando las células dejan de absorberla de los alimentos, la persona carece de energía, aunque acabe de comer. Cuando se desarrolla la diabetes, hay una sensación de hambre insaciable. El paciente no se siente lleno después de cenar, pero tiene el estómago lleno.

Sensación de fatiga

Los primeros signos de la diabetes del grupo 2 son el letargo y la somnolencia. La glucosa del torrente sanguíneo no llega a las células del cuerpo, que empiezan a carecer de energía. La deshidratación debida a la micción frecuente también tiene un efecto negativo en el bienestar general. La fatiga crónica sigue a una persona en las primeras fases de la enfermedad. Una manifestación específica de la diabetes es que la energía no se recupera ni siquiera después de un descanso adecuado.

Pérdida de peso sin motivo

La pérdida de peso intensa es más común en la diabetes de tipo 1, pero también puede ocurrir en la diabetes de tipo 2. La pérdida de peso se produce en un contexto de aumento del apetito y de alta ingesta calórica. La falta de glucosa hace que el cuerpo utilice las reservas de grasa para obtener energía. Esto libera cuerpos cetónicos en el torrente sanguíneo, provocando una intoxicación. Se manifiesta con náuseas, vómitos y dolor de cabeza.

Visión borrosa.

Un nivel elevado de azúcar en sangre afecta a los vasos sanguíneos de la retina. Los capilares se vuelven frágiles y empiezan a reventar. Las hemorragias empeoran el estado de la retina, y la agudeza visual disminuye gradualmente. La «imagen» se vuelve borrosa, difusa. La capacidad de enfocar el ojo puede empeorar y mejorar a voluntad.

El signo inicial del problema es la limitación del campo visual. Puede afectar a uno o a los dos ojos. Al principio, la visión lateral se estrecha, y luego las sombras se extienden cada vez más lejos. Un síntoma peculiar de la enfermedad es que la persona ve mejor cuando está tumbada.

Curación lenta de cortes y heridas

Las altas concentraciones de glucosa no sólo son malas para los vasos de la retina, sino también para todos los demás. Los picos de azúcar los constriñen, ralentizando el flujo sanguíneo. Esto impide que las heridas reciban los nutrientes que necesitan para curarse. Incluso un pequeño corte puede tardar meses en curarse. Además, la elevación de la glucosa conduce a la deposición de colesterol en las paredes de los vasos sanguíneos. Esto puede conducir a la formación de coágulos de sangre, que también interfieren con el flujo sanguíneo normal.

Hormigueo y entumecimiento en las extremidades

El aumento de la tensión en los vasos sanguíneos hace que el tejido esté menos oxigenado. Esto hace que las terminaciones nerviosas mueran. Las partes del cuerpo alejadas del corazón se vuelven menos sensibles y se sienten sensaciones de hormigueo. Los diabéticos se quejan de frío en las manos y los pies y de entumecimiento en las extremidades. Las molestias comienzan en los dedos de las manos y se extienden gradualmente a los dedos de los pies. La sensación de hormigueo también puede estar causada por la anemia con diabetes, que se da en el 25% de los diabéticos.

Infecciones frecuentes

La falta de energía reduce la actividad del sistema de defensa del organismo. Un sistema inmunitario comprometido no puede hacer frente al ataque de virus y bacterias, por lo que los diabéticos son propensos a desarrollar comorbilidades. Las heridas no cicatrizadas suelen infectarse y desarrollan úlceras tróficas. Estas conducen al desarrollo de gangrena, una de las peligrosas complicaciones de la diabetes de tipo 2.

Manchas oscuras en los pliegues de la piel

Con el metabolismo alterado, los pequeños vasos subcutáneos se ven afectados. Las células epidérmicas no reciben todos los nutrientes necesarios y su pigmentación cambia. Los primeros signos externos de la diabetes del grupo 2 incluyen manchas oscuras en la piel. A menudo se localizan en pliegues y huecos: bajo las axilas, entre los dedos, en la ingle, en la barbilla y bajo los pechos. La dermatitis y las infecciones fúngicas pueden ser otras causas de los cambios de pigmentación.

Picores e infecciones por hongos

Los niveles elevados de azúcar se convierten en terreno fértil para el crecimiento de los hongos. Un sistema inmunitario debilitado aumenta el riesgo de infecciones por hongos (candidiasis). El picor puede ir acompañado de enrojecimiento, ardor y dolor. Las complicaciones, incluidas las infecciones fúngicas, se consideran factores importantes de mortalidad en la diabetes, por lo que si tienes algún síntoma sospechoso, debes acudir a tu médico para que te diagnostique.

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